Valga la aclaración: secreto para nosotros, los mismos latinoamericanos, que vivimos con los ojos pegados a las majors como si solo existiera una fórmula para narrar. Como si la animación sin merchandising fuera menos animación, como si nuestros artistas no fueran capaces de permitirse las licencias creativas de otros mercados solo porque sus voces le pertenecen al sur del mundo.

Y pensar que nos une una misma lengua.

Por fortuna, llega siempre el caso del latinoamericano que, a pesar de todo, logra provocar y salirse con la suya. Uno de ellos, acaso el más emblemático de las décadas recientes, se dio en el año 2009, con "Los extraños presagios de León Prozac", filme colectivo made in Colombia, absolutamente experimental en cuanto a su técnica y narrativa. Su guion y dirección estuvieron a manos de Carlos Santa, quien, con esta película, logró entrar a la Selección Oficial del Festival de Annecy 2010.

El esquema de "Los extraños presagios de León Prozac" asombra por su versatilidad y economía, ambos atributos muy cotizados en el mercado del guion para animación. Así, el filme consiste en una multiplicidad de voces que desarrollan varios monólogos alrededor de una premisa base. De esta manera, a la larga, Santa logra estructurar un gran discurso coral, un manifiesto colectivo acerca del rol del artista en el mundo contemporáneo.



Una historia, muchas voces

El detonante de la trama se da cuando el joven "León Prozac" decide "alquilarle su cabeza" al mismísimo demonio, un elegante caballero de nombre Mefisto Ritalini. Desde ese momento, Prozac asume su rol de artista por encargo y pasea con su cliente a lo largo de un corredor infinito, plagado de puertas que esconden las 24 propuestas individuales que componen el film.

Cabe aclarar que no se trata de un film complaciente. Por el contrario, está repleto de subtexto, símbolos y filosofía. Más aún, la trama principal gira alrededor de la propia identidad artística y de la pérdida de individualidad en medio de una sociedad materialista. ¿Qué rol cumple el arte en la pirámide de necesidades contemporánea? ¿Cuánto de entretenimiento hay en el arte, y viceversa?

En suma, por más amarga y desencantada que sea, "Los extraños presagios de León Prozac" es una película necesaria para la filmografía latinoamericana. Porque, hoy más que nunca, tenemos que gritar hasta que el mundo se acostumbre a nuestra voz. Se va haciendo urgente clavar un alfiler en esta parte del globo, y eso no se consigue a fuerza de imitación, sino de investigación y compromiso. Bravo por Carlos Santa, y por la animación experimental colombiana. Y por Latinoamérica, siempre.


Sería injusto decir que la edad de oro de la animación norteamericana estuvo protagonizada solo por Disney y los estudios Warner, cuando en realidad la ecuación incluyó también a portentosos emprendimientos como la MGM, los Terrytoons y, cómo no, los Fleischer Studios.

Así las cosas, cada casa tenía una marca narrativa bien establecida. Los experimentos de Disney y la fantasmagoría lúdica de sus Silly Symphonies les dieron la pericia necesaria para diseñar el universo que luego se convertiría en su principal fuente de réditos. La Warner explotaba a personajes con deseos irrefrenables, verdaderas obsesiones llevadas al límite de la comedia (el hambre de Wile E. Coyote, la necesidad de amor de Pepe Le Pew, la codicia de Daffy Duck, y así por el estilo). Sin embargo, nadie logró igualar a Max y Dave Fleischer en cuanto a sordidez y misterio se refiere. Cada cartoon del sello Fleischer contenía, además de excelentes secuencias rubberhose, mensajes velados de violencia sexual, racismo o muerte. Baste recordar los cortometrajes "Red Hot Mamma" y "The Old Man of the Mountain", ambos protagonizados por la siempre polémica Betty Boop, y que provocaron la censura del primero en el Reino Unido, y una protesta masiva contra el segundo en los Estados Unidos.

Pero existe un caso digno de análisis, que nos explica por qué esta fue una de las casas de animación más controversiales de la historia.

Me refiero a "Bimbo's Initiation" (1931).


El descenso hacia el abismo

No por casualidad el crítico Leonard Maltin bautizó a este como el "más oscuro de todos" los cortometrajes de la Fleischer: Bimbo (personaje que no necesita presentación para los amantes de la animación clásica) cae en la trampa de un ser escalofriantemente parecido a Mickey Mouse, y resbala por una escotilla hasta una gruta subterránea donde se está llevando a cabo un culto secreto. Bimbo desiste ante el ofrecimiento de formar parte de sus miembros, y a consecuencia de ello es sometido a una serie de torturas físicas y psicológicas que van desde el uso de armas blancas hasta una decapitación metafórica.

Es, entonces, Mickey Mouse el desencadenante de la historia. ¿Por qué, y cuál es su relación con el extraño culto de "Bimbo's Initiation"? Recordemos que Walt Disney fue miembro de una rama juvenil de los masones, e incluso hasta hoy se especula acerca de su pertenencia a una orden durante su adultez. De esta manera se empieza a revelar el juego de los Fleischer, quienes, aparentemente, retaron a un juego de símbolos a uno de los grupos más poderosos del planeta.

Por lo demás, la apariencia de los miembros del culto es, cuando menos, peculiar. Tienen en sus cabezas velas apagadas, que aluden al fuego purificador, y poseen tablas con clavos. Por lo demás, van uniformados y sus rostros responden a la idea de máscaras que esconden sendas barbas. Es decir, son todos hombres. Esto, sumado al título del cortometraje, termina de despejar cualquier duda: estamos ante la representación animada de una iniciación masónica.



En cierta secuencia, el protagonista se ve delante de cuatro puertas cerradas. Detrás de una de ellas hay un espejo, símbolo masónico que alude al conocimiento. Detrás de la segunda hay un esqueleto, el cual, de acuerdo a la tradición de la logia, representa al aspirante que está dispuesto a llegar hasta la realidad última de las cosas.

Todo indicaría que "Bimbo's Initiaton" vendría a ser una metáfora del camino hacia el conocimiento. No obstante, hacia el final de la trama, Bimbo se topa con una Betty Boop con orejas de perro (una de las primeras versiones del personaje). El encuentro despierta en él un deseo irrefrenable, que lo lleva a dejar de lado su propio instinto de supervivencia para intentar alcanzar a Betty. El desenlace se configura cuando el protagonista es "premiado" por abandonarse a la carne, y la identidad de los cultores al fin es revelada.

Cabría estudiar a detalle cada uno de los significados detrás de uno de los cartoons más crípticos de la (de por sí) enigmática Fleischer Studios. Quién sabe si algún día descubramos el contexto real de este capricho narrativo. Mientras tanto, honremos a los Grandes Arquitectos del Universo... Animado.

¡Larga vida a los Fleischer Studios!

[Alerta: contiene spoilers]


Este año, los candidatos a los Premios Óscar por Mejor Película Animada fueron bastante dispares. Ahí tenemos a Toy Story 4 y sus personajes de siempre (al servicio de un excelente guion), a Klaus y J'ai Perdu mon Corps representando al bando de Netflix, a la injustamente criticada Missing Link y, cómo no, a la tercera entrega de la saga How to Train Your Dragon. Analizándolas desde un enfoque narrativo, todas las películas tuvieron desaciertos, pero ninguna como la escrita por Dean DeBlois, que hace agua por donde se le mire.

Afortunadamente, por una de esas ironías del guion, a veces las malas películas son las mejores maestras. Intentemos entonces hacer un repaso por los más resaltantes gazapos de esta nueva secuela protagonizada por Hiccup y Toothless.



1. Un objetivo débil. El detonante de la historia llega cuando el pueblo de Berk decide ir en busca de un mundo perdido que al principio existe solo en los sueños de Hiccup, para librarse del asedio constante de los enemigos. Sin embargo, pronto vemos que la comunidad se asienta en la primera isla que les sale al paso, ya que encuentra en ese lugar la seguridad que buscaban. La necesidad dramática queda entonces satisfecha, y la importancia de encontrar el mundo perdido pierde todo sentido, desdibujando la motivación del pueblo.


2. Un villano pasivo. Grimmel es, probablemente, uno de los mejores recordatorios de lo peligroso que es violar la máxima "Show, don't tell". A pesar de que muchos diálogos se esfuerzan por hacernos creer que es la mente maestra de un plan que tiene por objeto capturar a todos los dragones de Berk, una vez develados los mecanismos narrativos nos topamos con un personaje que dista de ser calculador, y se limita a aprovechar los espacios para generar conflicto. Con la excusa de la carnada, Grimmel entra en tiempos muertos imperdonables. La amenaza inicial a Hiccup no es más que un truco bastante obvio para apresurar el tren de acontecimientos. Y así por el estilo.


3. Una subtrama gratuita. La de Astrid y Hiccup era una boda esperada por todos los seguidores de la saga How to Train your Dragon. Pero, ¿era necesario presentarla como una de las salvaciones de Berk? Absolutamente, no. Sin embargo, desarrollar una subtrama romántica que corriera en paralelo al cortejo entre Toothless y Light Fury se presentaba casi como una obligación para satisfacer al público y acercar a los personajes protagónicos por medio del símil. Por desgracia, la subtrama no fortalece ningún aspecto de los personajes, y se utiliza solo como una excusa para satisfacer a los fans. Una práctica que se está haciendo cada vez más común. Alarmante.


A favor de "How to train your Dragon 3", cabe decir que también tiene algunos aportes dignos de mencionar. Ahí está la construcción inicial del villano, que cumple con ser el arquetipo Jungiano de la "sombra" de Hiccup, y la escena del cortejo entre los dragones, que remite instantáneamente al Pines of Rome escrito por James Fujii para Fantasia 2000. Por desgracia, los deslices pesan más que los aciertos, y el balance general del guion más reciente de Dean DeBlois queda en rojo. Nos queda esperar que, para una próxima oportunidad, los dragones de Berk no sean lo único que remonte el vuelo.